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El peso de la pobreza

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hace 10 meses

  por Camilo Francisco Ramos Pérez

Siempre a las 10 de la mañana para hacerse una glucemia capilar, la enfermera la veía temprano, llevando a los nietos a la escuela. Después cerca del consultorio, hablando con los vecinos, el resto de las personas conversaba un rato después se marchaban, ella quedaba sola en la esquina. Luego con calma entraba en el consultorio y pedía tomarse la presión y hacerse una glucemia capilar. La enfermera se limitó a mirar e hizo la misma pregunta desde hace dos meses.
– La señora tomó su desayuno ? – y siempre la misma respuesta.
-No desayuné aún mi niña.
Ya tenía marcado consulta con el médico, María Aparecida, era diabética y nunca la había visto descompensada en consulta, el vestido sencillo de señora sin muchos adornos, de sonrisa fácil que daba deseos de amar la vida con tanta aura positiva.
Más algo llamaba su atención, cada semana, siempre de noche, un chofer de la guardia nocturna subía con ella para el hospital, cada semana volvía con el mismo diagnóstico Diabetes descompensada. Le pasaron suero, daban insulina rápida, en el resto de la semana siempre compensada de la glicemia. ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo podía ser posible? Eran muchas dudas. Ese día había pensado resolverlos.
-Buenos días, María Aparecida.
– Buenos días, enfermera. Todo bien?
-Todo, bueno casi todo.
– Yo haciendo mi parte en esta vida, mi niña ya deje mis nietos a la escuela y ahora aquí para medir mi Diabetes.
-Vamos a medir su diabetes, María Aparecida, cogió el glucómetro, una aguja desechable y...

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